jueves, 28 de enero de 2016

«Disparate en el gallinero»

Extraído, sin permiso, de San Google

Cuando el gallinero se disparata, hasta a los gallos más poderosos se les ponen las plumas de punta. Mi familia es así, o se asemeja —y mucho—, a un gallinero y éstos días se ha revolucionado del todo.
En menos que ha cantado un gallo y, movidos cada uno por sus propios intereses, sin afectar a los de los demás, o incluso afectando —pero con cariño—, como decía, en un periquete, se ha remodelado un par de casas y se ha renovado el parque móvil familiar.
La pequeña, iniciadora de los tormentosos incidentes que se han producido en estas últimas dos semanas, le ha dado por, no sólo cambiar de coche, sino también vender el mío. Supongo que en un ataque de preocupación por el estado general de lo que se ha llegado a calificar como «la tartana». Menos mal que cerró el trato antes de que lo tuvieran en sus manos. Al verlo y conducirlo querían darle la mitad de lo inicialmente ofertado. No sé porqué, la verdad, a mí me iba de perlas.
La otra de mis hermanas, le ha dado por vender su coche y parte de su casa: sofás, sillones, estanterías..., hasta lámparas ha descolgado y puesto en venta por veinte euros en los «interneses». Así hasta comprarse un coche —por cierto, ¡bonita!, a ver si te invitas a una merienda que no hemos visto la remodelación ni la nueva bandera—. Esta, tanto ha hecho, que hasta ha conseguido vender «la furia amarilla», que todo sea dicho de paso, está genial, super bien conservado y en perfecto estado —¡oyé! que lo digo en serio, nada de sarcasmos, sobre todo porque su compradora puede que me esté leyendo.
El otro un desgraciadito. Mi niño, con lo bueno que es. No le ha tocado nada, más bien dar, prestado. Ni la mesa de billar que me traje para casa el otro día cedida para el garaje. Pero no te preocupes, cuando quieras, —y ya va siendo hora de que lo hagas— nos invitas a una comidita de esas tan selectas que organizas en tu casa y así, al menos, te llevas nuestra compañía.
Mis padres, los pobres, se han visto en el fuego cruzado de un lado y el otro. Tanto ha sido a así que hasta se han escuchado voces de ponerle un cártel a mi madre y venderla, que de seguro sacamos una pasta. De mi padre también ganaríamos algo, que se conserva en alcohol y en jamón serrano —¡del bueno oiga, no se vaya usted a pensar!
Así que nada, lo dicho. Las plumas las tengo erizadas, pero con coche nuevo y un agujero negro en cuenta, del que ya hablaremos.
 

5 comentarios:

  1. ¡Qué estrés chico! parece un escuatro u escinco. Como te descuides el día menos pensado ves tu careto en la red y la peña pujando al mejor postor. Nada, sácale una fotica al nuevo fotingo (es pa compartir alegrías contigo) y disfrútalo, que te lo mereces, viejo roedó.

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    Respuestas
    1. Jajaja me encanta el juego de palabra: estrés , escuatro, escinco... Sin duda mi familia es así.
      Ya te iré contando.

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    2. ¿Qué dice? Pero si soy ´más bueno que el pan jajajajaja

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    3. Si me descuido vendes a tu mujer😂😂😂

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